sábado, 21 de diciembre de 2019

Soñando la luz del fin

Tras un tiempo, reúno los "Matinales". Los leo como ramillete, de continuo, como haz fragmentario, retoco, enmiendo, releo. Con la paciencia orfebre vuelvo a su música aunque torpe y errática.
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Hacia la razón luminosa, qué bella la lectura de Boecio, "Consolación de Filosofía", Libro V, 6: "Eleva tu espíritu que no se hunda en la tierra tu inteligencia con el peso de la materia, que no quede por debajo de tu cuerpo, mientras él camina erguido"
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Recuperar la contemplación y modelar el pensamiento son afluentes que dimanan de la lectura pero no de cualquier texto. Leer es descifrarte en la palabra del otro; perseguirte hasta el centro indudable como sombra o rapaz.
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Con el otoño siempre vuelvo a Boecio y a Marco Aurelio. Al "Ager Calvetianus", en el año 524, ensoñando a Boecio en prisión; y al Libro II de Marco Aurelio, escrito junto al Danubio, en el que leemos: "[…] Y nada es malo si es conforme a la naturaleza".
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Hay quien dice una cosa y obra de otra, quien expresa una idea de la literatura y luego desarrolla la contraria; sin embargo, lo siniestro en literatura ni es paradoja humana ni confusión eventual, es vanagloria y ego, notoria ambición de la nada. Silencio y soledad.
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Deja uno de lado los saraos (pseudo)literarios, las capillas (pseudo) librescas, los cenáculos de (pseudo)poetas, los entornos editoriales, las llamadas a congresos, en definitiva, los aledaños de la literatura. Y vuelve uno al centro, a sí mismo, limpio, verdadero y en silencio.
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Pocas culturas como la grecorromana para comprender el sentido de lo "útil" en el campo de la «paideia», incluido el «ethos» como seres sociales, de la cultura que nos ha edificado y nos ha otorgado una identidad plural y humanística. Algunos siguen preguntándose por ignorancia.
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El tiempo es el gran paradigma del desasosiego; la eternidad, el sueño de la huida.
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Címbalo profundo que lates en la noche, vuelo torcal del salmo a la palabra.
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Hay poetas que renuncian a la tradición poética sin haberla leído; luego están los poetas, los que edifican su palabra en la esencia expresiva del ayer clarividente. Hermosa reminiscencia de Séneca en Quevedo: "Qué lo que todos les quitaste sola/te puedan a ti sola quitar todos."
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Oh, poetas de este tiempo, bardos y aedas del día, gustadores del vocerío y la lección vacía, escuchad a Quevedo: [...] " Nada que, siendo, es poco, y será nada/ en poco tiempo, que ambiciosa olvida,/ pues de la vanidad mal persuadida/ anhela duración, tierra animada." [...]
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Con Quevedo, en esos versos cristalinos de la soledad desde la atalaya en que se contempla el mundo: [...] "La confusión inunda el alma mía; mi corazón es reino del espanto"
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En la noche, la figura de la memoria adquiere el fulgor de una luminaria; y, en esa edificación de lo que fuimos, de lo que narramos haber sido, entiende uno que no fue nada.

lunes, 4 de noviembre de 2019

La música a tu encuentro: el tañedor de la cítara.

CUENTA Ramón Andrés en su insuperable Diccionario de música, mitología, magia y religión que Aquiles fue instruido en la música y la medicina, entre otras disciplinas, por Quirón. Esto explicaría el abandono de Aquiles de sus tropas para combatir contra los troyanos y que pasara largas horas tocando la cítara, con exactitud la forminge. Cuando Odiseo y Ayante fueron a visitarlo, Aquiles estaba imbuido en la música. Como salmo, como ensimismamiento el héroe al que nadie podía combatir en fuerza física y virtud guerrera se sometía al canto unívoco de la cítara. 

En nuestra lírica es conocido el pasaje de Juan de Mena en Laberinto de Fortuna cuando escribe:
[...]
Mostrósenos Fíliris, el tañedor, 
maestro de Archiles en çitarizar
aquel que por arte ferir e domar
pudo a un Archiles, tan grand domador.
[...]
  
Y es así cómo un episodio de nuestra cultura, que tanto ha interferido en el imaginario colectivo, presenta las artes, la ciencia, el conocimiento de la disciplina musical como una velada manera de estar en el mundo plenamente. Música unida indefectiblemente al oído. 

El oído en música es un elemento permanente en nuestra cultura, es más, está vinculado a la conexión con el misterio más puro e incognoscible para los humanos. Ya Apolo, en Delfos, se sometía a la aritmética de la música. La propia M. Zambrano afirmaba a este respecto: "en el escuchar se da lo más penetrante y hondo de la atención, la decidida atención que el ejercicio de la vista no requiere". 
¿Cómo renunciar a ella en el desarrollo individual y en la creación de las artes? Solo el vacío de entendimiento explica la ausencia de la música. 

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Unido a la inteligencia, saber escuchar es comprender. Y la poesía ha estado, desde su origen, vinculada a la música porque su naturaleza no puede consentir otro sendero que no lo vincule a ella en tanto que forma de entendimiento del mundo. La música en poesía no es solo ritmo es comprensión y razón de entendimiento; sabiduría de lo que la palabra trata de evocar y llamar al desvelo. Más allá de los procedimiento retóricos la música del poema debiera contener la música del ser. 

jueves, 31 de octubre de 2019

El contorno de los signos.

ESCRIBIR, escribir desde hace ya muchos años como salmo o irracional plegaria.

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"Estás solo. Aprendes a andar como un hombre solo, a vagar, a callejear, a ver sin mirar, sin ver. Aprendes la transparencia, la inmovilidad, la inexistencia. Aprendes a ser una sombra y a mirar a los hombres como si fuesen piedras", escribe George Perec en Un hombre que duerme.  Releo las páginas de Perec,- a las que no acudía hacía ya bastante tiempo-, y trato de recordar los paseos por París, aquellas tardes en solitario en que recorría una y otra calle como si todo fuera desierto o trocadero infinito.  De aquellas tardes en que la indiferencia no tenía ni principio ni fin, sino que era un estado inmutable, un peso leve, una inercia que nadie lograba entender más que el yo que era entonces. Y eso individuo que poseía mi nombre y mi figura se comenzaba a percatar de que la indiferencia disuelve el lenguaje, lo enturbia y desbroza los signos en meras señales. 

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"Ahora vives en lo inagotable", fueron las palabras que se me vinieron a la mollera cuando J.S.M. me hablaba de P. y su condición mental. " Cada día estás hecho de silencios y ruidos, de luces y sombras, de espesuras, de esperas, de escalofríos". 

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Y culmino la tarde con George Simmel, Imágenes momentáneas, una estampa titulada "Más allá de la belleza". Me quedo con el subrayado que define toda una época para las artes: "Sí, nos resulta difícil tener ingenio". 



miércoles, 28 de agosto de 2019

Con Delibes en Ribadesella.

EL ejemplar estaba en una pequeña estantería de un campin en Ribadesella. Era de noche y quedaban varios minutos para que terminara el lavado de ropa y el secado de la misma. Agarré el volumen, -que tantas veces había nombrado-, y comencé a leerlo con fervor, pues desde el comienzo la prosa de Delibes es pulcra y ajustada como un guante. Decoro o saber escribir de forma natural o talento o genio; sea cual sea el adjetivo este autor siempre propone una forma estética de escribir que se amolda a una ética para el escritor: la reliquia viva de la lengua.
Decía que abrí el ejemplar y allí estaba ya, desde el principio, con la música sobria pero vivaz para uno de la prosa joven y excelsa del autor. Caía la noche con el peso rotundo de la montaña, con toda su humedad y sus raíces y seguía leyendo, casi sin levantar la vista del libro. 
Al poco, la lavadora avisó de que había terminado el lavado; la secadora en sincronía, lo mismo. Con la disyuntiva de llevarme el libro para seguir leyéndolo cargué todo en los cubos y coloqué el ejemplar en su cima, como corona o laurel antiguo. Así, cuando llegué a nuestro sitio, M. me increpó como suele hacerlo para que devolviera el libro de inmediato, sin embrago, en esta ocasión, luché con argumentos que finalmente la  convencieron. 
Del norte al sur he ido leyendo el libro y ahora está aquí, conmigo, en la mesa, en un lugar distinto al de aquellos pies de la montaña, con el calor de una casa pero con la fría sensación de que nadie volverá a rescatarlo. Por eso mismo, me planteo dejar el libro en una biblioteca pública esta mañana; está nuevo, virgen de subrayados, aislado de humedad, pero al llegar allí recuerdo a J.R.J. cuando decía que los libros en ediciones distintas dicen cocas distintas. 
Con todo vuelvo a casa y coloco el libro disimuladamente en los estantes sin que me viera M. Ahora lo veo desde donde escribo y recurro a todas las estampas de su lectura en cada día. Porque leer son los libros que uno ha leído, las ediciones, los formatos, las circunstancias. Y después el lector que fue uno queda abigarrado en el recuerdo torcal de todo aquello.         

jueves, 1 de agosto de 2019

Cuando Proust fue Montaigne y lo escribió Cervantes.

EN EL ARRANQUE de En busca del tiempo perdido de Proust se produce un hecho fabulosos que pasa desapercibido por la prodigiosa magdalena. El acto consiste en la relación entre sueño y lectura, entre el deseo de continuar leyendo un libro y el cansancio físico que nos conduce al sueño profundo. Proust lo convierte en un acontecimiento cervantino de realidad y ficción:
"Durante mucho tiempo me acosté temprano. [...] no había cesado de reflexionar sobre lo que acababa de leer, pero esas reflexiones habían cobrado un cariz algo particular, me parecía que era yo mismo aquello de lo que hablaba la obra".

Un Montaigne aparecido en plena prosa de Proust escrito por Cervantes y corregido por Kafka.

***
En un poema de amor de Quevedo, que sigue restituyéndome en la poesía, puede uno leer toda la teoría simbolista de la poesía posterior, incluido a Bécquer en nuestras letras:

[...]
"Voz tiene en el silencio el sentimiento"
[...]

[Poema: ´Peligros de hablar y de callar y lenguaje en le silencio´].

Y trato de leer los poemarios actuales, las novelas de este día, pero a poco que las abro en la librería para leer el primer párrafo de cualesquiera de ella o cualquier poema de un libro, caigo en la abstención más absoluta, en el desencuentro, en el hastío. Y esto puede ser ya un reflejo de la sociedad en la literatura más profunda que nunca, pero sobre todo es la especulación hecha ya actuación de la estulticia y de la falta de lectura. 



miércoles, 31 de julio de 2019

Una ilusión del bien para la propia existencia.

CON LA VIVEZA con que penetra el levante en su primer repunte acudo al cuaderno que mantengo en la mesa desde junio para volcar algunos poemas incipientes, ideas, fragmentos, retales que surgen entre el bullicio de lo cotidiano. Una serie titulada "Matinales" que ya van siendo escritas en las primeras horas del día, cuando la luz aún es todavía sortilegio de la noche. Al fin conforman una pequeña serie de poemas escritos en la primavera pasada. 
Vuelvo al cuaderno, a la prosa extensa que acompañan el pensamiento, como decía Unamuno. Es julio de 2019 y comencé este escritura en julio de 2007. Casi de forma continuada no he dejado de escribir en este cuaderno y, las más de la veces, motivado por las lecturas. 
Llega el punto en que la vida va tornándose hacia uno mismo y es mejor escuchar, callar, contemplar que decir sin rienda ni suerte por el mero hecho de salir a lo público. Aun así, hemos regresado a este espacio con brío y con nuevas perspectivas de escritura. Esos ángulos nuevos son el incipiente reflejo de una vida cambiante, vita nuova, de Dante. Prosa y poesía en una misma evocación de la palabra primera en el hombre. 
Para concluir este primer tanteo de verano acudo a Simone Weil toda vez que Quevedo me devuelve a la poesía tras leer a los poetas de mi tiempo. Qué poca prestación, qué poca virtud y qué desdeñable palabra  poética la de los poemas actuales. Decía que Simone Weil me deja un par de enunciados con los que principio el día: "El placer es la ilusión de un bien a su propia existencia". 


jueves, 11 de abril de 2019

Hay pensamientos colectivos pero no una poesía colectiva.

AGARRO el libro de Paul Valéry que tengo en el despacho de trabajo, en Lebrija. Es mediodía y descanso mientras espero que comencemos la jornada estival. He escogido el volumen de Valéry y de Hesse para escribir la lectura, para comenzar el ejercicio que me insufla vida y libertad en medio de tanta paradoja y socarronería de la vida. 
Hoy la tarde es clara, diáfana en su cielo por el leve poniente que la sacude. Me asomo al ventanal y observo las nubes pintiparadas, la silueta del blanco sobre el fondo palpitante y nítido. Todos mis sentidos advierten la presencia salina de las marismas. Entre tanto, pienso y reescribo: 

"Hay pensamientos y sermones colectivos, pero no hay una poesía colectiva", escribe Hesse en Lecturas para minutos.

Al poco de la lectura de Hesse abro el volumen de Valéry, los Cuadernos

"La literatura no es el instrumento ni de un pensamiento completo ni de un pensamiento organizado". 

Y en esto pongo mis pensamientos más templados, en la disputa actual que existe entre lo que se proyecta a la sociedad que es literatura y lo que uno opina y vive de la literatura. 

Puede que este territorio de posturas enfrentadas no sea más que la característica propia de este tiempo.  El individuo desustanciado, sin principios establecidos en su cultivo interior, en función de unas lecturas, una experiencia cultural, sino de las eventuales opiniones. El imperio de la doxa, podríamos afirmar, que tenemos en la escena de la sociedad actual.  

Y todo es, en definitiva, afán de pureza. Por este motivo, leo lírica española de tipo popular: 

"Recordad, mis ojuelos verdes
que a la mañana dormiredes" 

Sea cual su naturaleza, la esencia del poema está cercana a lo que describía Valéry: 

"El poema, esa vacilación prolongada entre el sonido y el sentido". 

Entre uno y otro el individuo que la edifica, la hacina, la socava con la palabra y el magma de la vida.  

miércoles, 10 de abril de 2019

La superioridad del acaso y la inmortal claridad.

TENGO para mí que la obra literaria de un autor debe mantener un recorrido de pura cadencia. Qiere decir esto que sumar obras, libros que procedan más del afán personal que de la imperante naturaleza literaria no es más que intervenir en la literatura con parámetros y actuaciones de la condición humana. Un libro es el espíritu de un individuo que hace arqueología de la naturaleza humana en público, a la luz, con la incandescente llama de la palabra. Cuando sucede al contrario, el libro es un artefacto ridículo y soez. Y ahora, en este tiempo, resulta que cualquiera puede construirse una obra literaria. Paradojas de este tiempo. 

DE Diligencias de Trapiello tan solo puedo decir que no soporta el diapasón y la candidez literaria de Troppo vero o La manía, por ejemplo. Las primeras cien páginas de Diligencias bien vale para echarlas al chamarilero más cercano para venderlas de estraperlo o de cajetín. Esperemos que remonten las páginas venideras y no nos lleven a la desesperación y el abandono. 

H. HESSE, en El juego de los abalorios, determina que la actitud humana cuya expresión es la música clásica [...] aspira a una misma condición de superioridad del acaso". 

Y transcurre el día, tras capítulos de alcoba, observación de la condición humana escuchando a Beethoven en sus Sonatas para piano con las que trato de hallar el solsticio y la templanza para sentir el aire cándido y terapéutico de la vida en sí. 

domingo, 17 de marzo de 2019

La razón peregrina de nuestros días.

TODO va entrando en un nuevo confín del tiempo. En realidad, ese confín del tiempo es uno mismo. Como un cofre o una caja de madera que uno abre pasados los años, -invocado por no se sabe qué razón peregrina-, vuelve uno a sus temas de siempre, a su sino, a su círculo de arena que nunca desaparece. Y el tiempo, el sucedáneo que entendemos como tiempo, nos va acechando hacia la nada infinita. Ese empuje de los días cada vez me atosiga más. En este suceder me preocupan E. y F. Observo sus manos frágiles y su pureza derramada a cada momento. Me cuesta, en ocasiones, contener la templanza de la emoción al verlos junto a mí. Últimamente me entiendo como una fantasmagoría que va haciéndose invisible lentamente. 

Sucede lo propio con la literatura. El interés por lo que se escribe actualmente más que aburrirme me provoca recelo y ofuscación. Porque escribir no es solo publicar, se ha perdido el pudor ético en la literatura, en los que hacen el mundo editorial y literario. Dicen una cosa y hacen la contraria. 
En este sentido, ando interesado como ciudadano por el recorrido que la relación de la literatura con la sociedad y, en general, con la cultura, se va sucediendo. El estado es ahora de vestigio. 

Y este diario sigue su curso, sinuoso por momentos, abierto al monte por lo pronto, al monte luminoso de la paz con uno mismo. Cada episodio de la vida parece que se va macerando en una suerte de melancólica acogida que se sabe finita antes de acontecer. Y así andamos, de un lado para otro de los que rodean nuestros pasos pero con la percepción florecida de que queda menos de lo que fue.   



 

miércoles, 20 de febrero de 2019

AFIRMO.

AFRIMO que quien tenga la cualidad de hacer verosímil el pasado que nunca fue está creando una nueva realidad y, al tiempo, relegando la verdad de lo sucedido a una posible secuencia literaria. Por tanto, equipara así la vida a la literatura.

Y hoy suena, de nuevo, la obertura de Tanhäuser de Wagner mientras escribo estas notas pasajeras de diario. Es tiempo vespertino y torcal ahora en mis manos, leve sonido de los huesos esgrimiendo palabras en un papel. Puede que, con el tiempo, alguien asome a estas letras, a estas conjeturas de un hombre solo. Y puede que encuentre quizás un motivo que hilvane esta sospechosa y errabunda manía de escribir. 

Porque leer se ha puesto al rojo vivo y desnudas las ideas hacen daño al oído del grito y la sinrazón. Se ha perdido la humildad y el conocimiento como gozo estricto en sí mismo, ahora solo vale la mecánica del yo a cada paso. Así, la literatura, el cuerpo escrito de la condición humana, va diluyéndose en su noche y desmemoria. Y acabará todo como un velo y una raíz desnuda, sin más adornos que la propia ausencia. Porque, en definitiva, todo se halla en nosotros.  

viernes, 15 de febrero de 2019

Poesía, hoy y siempre


Adjetivar el qué de la poesía es ya un silogismo. No existe la superación en las artes, menos aún en la poesía. No es superior Virgilio a Dante, ni este que Borges ni Cervantes. La superación opera sobre formas fosilizadas que han dejado de decir: cosa contraria le sucede a la poesía.
La poesía es la superación del pensamiento articulado por lo que no hay tiempos en la poesía. La palabra poética es transformación y permanencia.
La poesía es una reconciliación momentánea, en el tiempo y en el espacio, del hombre con el mundo. Depende de la armonía que habite en el poema, de la fidelidad de la palabra establecida, así de misteriosa y edificante será al leerla. Por eso el proceso de lectura y escritura, acaso de transmisión de lo poético, es similar a una dramatización de lo literario en que intervienen unos personajes que se igualan, con la ficción, y que participan y actúan en la obra.
La poesía es, antes y después, condensación de la infinitud. Ella nace sin comunicar nada: se intuye, se prevé en la memoria y por eso Platón defendió lo visionario con tanta vehemencia y por esto mismo dejó al margen al poeta: su estancia es de otro territorio. Es una visión que no comunica: solo es. El silencio es el contorno de la creación, de lo que va siendo amorfo. Los griegos rodearon esa materia intuida de musas para que otorgaran el orden que quedara fijado por las artes, pero quizás la memoria primordial proviene de ese silencio que envuelve y precede; los poemas puros contienen la memoria originaria, la que contiene a la humanidad y la revela parcialmente. Un poema es una memoria colectiva del silencio universal.
¿Puede existir en lo contemporáneo? Sin duda, pero cada cual tiene una idea de qué es la poesía conformada a partir de las lecturas que ha realizado, de las manifestaciones concretas que ha experimentado como lector. El lector contemporáneo parece que obvia la tradición y lee tan solo a sus allegados. Esa falta de lecturas y de experiencia lectora se trasluce en los poemas: no hay ritmo, no hay música, no hay recursos, no hay reflexión, no hay experimentación…tan solo una expresión, en líneas cortadas, que hablan de los desahucios, de los partidos políticos, de las religiones, de las cervezas y los cubatas, de los videojuegos, de las masturbaciones, etc.
Creo, sinceramente, que se equivocan de género literario. Quizás habría que mostrarles que hay géneros literarios más adecuados para expresar lo que quieren expresar, porque la creación poética es otra cosa. La expresión es natural al hombre; la creación literaria deviene de una consciencia distinta. bor. El lector contemporaaneo eb, de las manifestaciones concretas que ha experimentado como lector. El lector contemporaaneo eb

miércoles, 6 de febrero de 2019

No hay medida en el tiempo de poesía.

VA creciendo enero sinuoso y frío. Recuerdo el invierno en París y eso me traslada a Rilke. "No hay medida en el tiempo [...] ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol[...]". 

Y madura uno con el peso de su levedad hacia un confín secreto del que solo intuye su territorio. 
Leía ayer, de nuevo, La lámpara maravillosa de Valle-Inclán y reescribía, en el cuaderno menudo, algunos de los principios que sintetizan los apartados. 
La distinción entre meditación y contemplación es el vector principal del libro. Todo él es una disquisición práctica y ética de la contemplación como la superación de sí mismo, como el ejercicio de dejadez en el mundo para ser el mundo, de transgredir el idioma y la sintaxis de ordinario que nos hace creer entender el mundo.Ante el entendimiento narrativo del mundo, la consciencia unitaria del mundo: un solo nivel de realidad que aglutina todo el devenir. 

No existen subordinaciones al acontecer desde la contemplación: todo es uno y en sí, todo es matriz y unidad, origen y ser natural. 

la poesía es una corriente infinita en que se edifica el ser hacia un culmen. En ese trasiego puede que el silencio termine por conmover las raíces del poeta, puede que acabe de terminar con su consciencia hasta hacerla una, invisible y muda, quizás más verdadera. Silencio y soledad como los arcos de piedra brillante que alumbran la entrada, el umbral de piedra hacia la piedra musical de poesía.


lunes, 4 de febrero de 2019

La dejadez mortal del espíritu.

HAY una lentitud extraña en todo, un devenir demasiado aciago en que no hallo estímulo ni nervio. Como una música de salmo, una monodia que retumba perdida en la piedra de cúpula o de vid en albariza; y a todo este páramo unas ganas incipientes de escribir, escribir como entonces aun con el freno de la memoria. Observo con parsimonia cómo sucede todo: el pensamiento de uno,  las palabras de otro, el mirar desvaído de los menos, la exaltación del que se piensa principal, la dejadez mortal de otros tantos, también la virtud en virutas contadas. 

Como una escena diría, eso es, una toma a lo lejos de lo que sucede y hacia la que vamos acercándonos sin querer participar de ella, sin desear formar parte de su paisaje ni tan siquiera verla o apreciarla en lo minúsculo. Puede que todo sea ya un ejercicio o llamada de vuelta al centro, a la tierra húmeda del ser. Como escribía san Agustín en Confesiones: "y volví mi atención a la naturaleza del espíritu". Una ceguera, tal vez, una vela pátina que va despojándose del mundo para mostrarme el mundo en sí. "y no apartaba mi mente palpitante de la realidad incorpórea hacia contornos, hacia colores y hacia abultadas dimensiones. Y porque no podía ver eso en mi espíritu pensaba que no podía ver el espíritu". La lucha del espíritu, la levedad pujante, el origen todo, el amado confín de la mansedumbre.
Voy, por último, a los Cuadernos de Valèry y le con asombro: 2 El cuerpo es un espacio y un tiempo en los cuales se desarrolla un drama de energías".  

viernes, 18 de enero de 2019

Poesía del individuo.

"Hay pensamientos y sermones colectivos, pero no hay una poesía colectiva", define Hermann Hesse en Lecturas para minutos. Encuentro en esa afirmación una forma muy ajustada de lo que opino sobre el fenómeno literario; más aún, la pobreza literaria actual tiene en esta confusión uno de sus males más virulentos. 
El sermón, el panfleto, la orgía política y social de pensamientos, la mixtura de ideas, pertenecen todas al prejuicio banal de lo superfluo. Y se trasladan al ámbito artístico sin más dilación que la que otorga la ignorancia y el desprecio por la cultura que nos ha hecho ser de esta forma. 

Comencé a escribir un cuaderno titulado El pastor en la roca; está encima de la mesa del trabajo, es verde oliváceo, marítimo, y presenta decoraciones con las partituras de Schubert, con motivos de Der Erlkönig, un lieder delicioso y de cuerpo entero. El cuaderno lo agarro cada cierto tiempo como quien espera el alba de la lentitud y de la armonía. Escribo en él fragmentos, ideas, notas de lectura, poemas incipientes que la mayor de las veces terminan en nada, en magma apagado o flor marchita. Sin embargo, en esa decrepitud del cuaderno hallo la mansedumbre del tiempo, acaso la vital sugestión de parecer mortal y vivo, latente y concorde en el mundo. 

***

Para concluir la mañana, al filo del mediodía recito en susurro los siguientes versos de un autor que en nuestra literatura no ha alcanzado, todavía, la dimensión que poseen sus obras, Claderón de la Barca.

SEGISMUNDO- (Jornada tercera. Escena 10), La vida es sueño, Calderón de la Barca.

"Cielos, si es verdad que sueño,
suspendedme la memoria
que no es posible que quepan
en un sueño tantas cosas"

Si es verdad que este sueño y este desvelo
de la vida es desmemoria

martes, 15 de enero de 2019

Confín de invierno.

ESTÁ el invierno lento, recogido en su seno
de hojas derramadas como fruto en sazón;
tan abierto a sus fauces de niebla y de rocío
que el cuerpo recupera la piedra de su estatua.

Y serpientes, las manos, y sarmientos, los pies,
abrigo de oración y plumaje al espíritu,
todo el gris se recoge en la cuerda sonora
de tus ojos llorosos porque el tiempo no existe.

Y eres, serás la sombra y refugio del alba
a la del alba tienes la hora, confín de vida.
[...]



lunes, 7 de enero de 2019

Il cimento dell´armonia e dell´inventione, Vivaldi y todas las mañanas del mundo.

LA MAÑANA comienza con el engranaje de la Luz angosta y reticente del invierno.  Suena el concierto de Mandolina en do mayo RV 425 de Vivaldi. Esta música invade el salón y las habitaciones de la casa mientras E. Y F. Corretean entre juguetes, libros, y el espontáneo fervor de vernos la familia juntos en la mañana disfrutando de la mismo. 
La obra de Vivaldi siempre me ha fascinado sobre todo porque la popularidad de sus partituras había oscurecido y difuminado la capacidad artística de este músico extraordinario. Más allá de sus más de quinientos conciertos hubo dos detalles de su biografía que me resultaron muy interesantes. 
Desde que muere, en 1741, como sucede con otros grandes artistas, su obra permanece en el subterfugio de lo desconocido. A su muerte, en la catedral de Viena, acude el coro de niños de la misma en la que se encuentra, en un episodio digno de Zweig, un jovencísimo Joseph Haydn. 

Muere Il Prete Rosso y la inmensidad de su obra (sacra, vocal, concertística) comienza a subsistir solo en la consciencia de otros grandes músicos que habían advertido, en su tiempo, la belleza inconfundible de una obra que edificaba al ser humano. Fue, sobre todo, Bach el que había transcrito algunas de las obras de un cura, -que ofició poca misa, que había participado en el esplendor de la música veneciana, que supo acomodarse a la música programática sin par,- el que sin saberlo ayudó, ya en el XIX a que se recuperar las obras de un tal Antonio Lucio Vivaldi. 
Supuestamente asmático, a tenor de sus propias declaraciones, Vivaldi era un violinista sobresaliente, de gran capacidad interpretativa que rozaba el virtuosismo. Siempre me pareció  Il cimento dell'armonia e dell'inventione un título sugerente y perspicaz para una obra poética o un libro de ensayos. 


Corretean,  con risas y desencuentros infantiles, los niños por la casa y sigue de continuo la música de Vivaldi tomando su atmósfera y su confín.  A veces mueven sus cuerpos menudos al ritmo de la música, otras tantas se desentienden y siguen con sus juegos. Sea cual sea la relación, la semblanza que quede en su memoria de estos caítulos pasajeros nos quedarán la belleza palpable de la música en los ojos. 

sábado, 5 de enero de 2019

El razonamiento del mundo es eminentemente lingüístico. Cuanto menos se lee más disminuimos nuestro ser en el mundo. Y no es cuestión de sumar páginas y volúmenes vacuos y serviles, sino de entrever en el texto esencial la verdad que somos, amarga levedad y dulce estar en nada.
***
El oro de la tarde y  la azucena,
la oración en el pecho, padre nuestro,
el largo meditar sobre la piedra
en el confín amado de tus hechos. 
[...]

jueves, 3 de enero de 2019

¿Cómo compones? Leyendo. De lo antiguo algo nuevo.

VERDAD es que en la búsqueda se halla la incógnita más que la respuesta. Y así cuando uno sigue leyendo los textos de los siglos pasados, sobre todo los que produjeron las mejores composiciones y en los que se aglutinaron los mejores escritores, hay una constante que se repite desde la antigüedad hasta nuestros días: todos fueron grandes lectores, lectores de raza, lectores omnívoros, lectores caninos, como decía el Doctor Samuel Jhonson. 

Por esto mismo, ahora que ando revisando la biografía de Antonio Sánchez Jiménez, Lope El verso y la vida (Madrid, Cátedra, 2018), he ido a dar con unos versos de La Dorotea, acto IV, escena 3, que inciden en el ejercicio de la escritura y la lectura, a saber: 

"¿Cómo compones? Leyendo,
y lo que leo, imitando;
y lo que imito, escribiendo;
y lo que escribo, borrando;
de lo borrado, escogiendo".   

Ya Bartolomeo Ricci en 1541 publicó un libro que vertebró el concepto profuso en el Renacimiento de imitatio. El autor en De imitatione estableció, a grandes rasgos, tres tipos: el seguir (sequi), es decir, la imitación no transformadora; el imitar (imitare) y el emular (emulare). 

Ante estos procedimientos, siempre recuerdo unas palabras de Petrarca en Epistolae Familiares.
 que son luminosas: «[el poeta] ocultará su imitación de modo que no parezca similar a ninguna, y así traerá de lo antiguo algo nuevo".
De lo antiguo algo nuevo ese es el ejercicio coronario de la literatura, leer para escribir, leer para poder imitar emulando, para propalar nuestra débil voz en la armonía poderosa de la literatura esencial.

Toda la literatura acaso ha sido un ejercicio permanente de lo que se denomina imitación oculta, con vaivenes en ese diálogo de evocación que, a veces, ha necesitado enseñar las costuras, los hilvanes de lo que se copia para darle una vuelta de tuerca al asunto, tal que Cervantes o Borges. 

"Compones, leyendo, imitando, escribiendo, borrando, escogiendo"... en esta gradación y recorrido que escribe Lope se encierra buena parte de su proceder como autor ceremonial y moderno, de consciencia sobre el fenómeno literario como algo orgánico, pero podría servir para resumir las cartas de Rilke a un joven poeta, los prólogos y ensayos de Borges, la altura de Cuatro cuartetos de T.S.Eliot o la magna narrativa de Thomas Mann. 

Son tantos los senderos que un escritor debe recorrer antes de comenzar a escribir que me lleva al espanto los que manifiestan que la originalidad, lo novedoso, los rompedor es lo que hace la literatura. Encuentro un punto muerto del ámbito literario que, quizás, se empareja a la decadencia cultural general no solo de nuestro país sino de la propia cultura occidental. Poseemos una cultura ancestral, milenaria que nos ha edificado así como individuos, con valores e ideas, con libros y creaciones artísticas que nos conducen hacia un estar en el mundo armoniosamente. Todo lo que atenta contra la tradición, sin saber leer que es de ella desde donde se vuelve a nacer y a construir, es un monumento inequívoco de ignorancia.