Cuando la mañana ha penetrado el día, compras algunos periódicos sobre todo para leer los suplementos culturales. Sobre todo para leer las críticas literarias y para confirmar cómo la literatura ha terminado abigarrada a la mercadería y al palabrerío desmedido. Los lees, sin embargo, a pesar de conocer su sustancia, con la motivación de una ola sobre un acantilado. Tomas café para acompañar la lectura.
sábado, 12 de junio de 2010
Cuando la mañana ha penetrado el día, compras algunos periódicos sobre todo para leer los suplementos culturales. Sobre todo para leer las críticas literarias y para confirmar cómo la literatura ha terminado abigarrada a la mercadería y al palabrerío desmedido. Los lees, sin embargo, a pesar de conocer su sustancia, con la motivación de una ola sobre un acantilado. Tomas café para acompañar la lectura.
jueves, 10 de junio de 2010
***
Otro trovador enigmático es Jaufré Rudel de Blaya (…1125-1148…) que comenzó a escribir versos a una amada que jamás vio, pero de la que hablaban de ella los peregrinos de Antioquía. Tal era su deseo de ver a la amada, que se hizo cruzado y embarcó muy enfermo. Fue llevado a Trípoli y una vez allí, le hicieron saber a la condesa que Jaufré estaba por esos fueros. Ella, la amada jamás contemplada, fue al lecho y lo tomó en sus brazos. Cuando Jaufré tomó conciencia de que era ella, su amada, la que lo asistía en el lecho de muerte, se dice que recobró el oído y la respiración y comenzó a espetar súplicas a Dios. Cuando murió Rudel, la condesa se hizo monja por el dolor de esta muerte. Uno de los poemas que vuelvo a leer de Jaufré Rudel se titula “Cuando el río de la fuente”.
Esta historia bizantina, leída en estos tiempos de desvelo emocional, resultan fascinantes y literarias, cargadas de la fabulación de los tiempos antiguos.
***
Recurre a menudo Casanova en su Historia de mi vida a la cita de los estoicos que escribió Virgilio en la Eneida, III: Fata viam inveniunt. La recuerda una mañana en que el tribunal lo encuentra en su casa en Venecia y le requisa los papeles que estaba escribiendo. Todo lo esto lo hace cuando recuerda su visita al señor de Bragadin, al anciano que le había recordado las palabras de Virgilio: “El destino sabe guiarnos”. Ya sonaba entonces, en la puerta de roble, los golpes del señor Messer grande que lo requisaba para llevarlo al tribunal.
miércoles, 9 de junio de 2010
Un día sin escribir en una noche sin luz.
***
Sobre la arena, las huellas penitentes de las gaviotas en flor.
***
Quieto, en el aire, como las gaviotas avejentadas. Sin aspavientos, sin batidas, sólo sostenido por el alma en pie.
***
Un verso brota por de dentro. Se inflama, arde. Plenitud inconsciente. Su incandescencia se nutre como un mineral. Silencio. Mundo ensimismado.
martes, 8 de junio de 2010
El viaje comenzará sin M. y eso, desde luego, será una variante que antes no había formado parte del viaje. Será sin M. pero todo girará hasta el encuentro, como si esa circunstancia fuera una fuerza teleológica o la clave de bóveda de estas palabras.
Al tiempo, iremos a Londres. La lengua, la luz, la piedra cambiarán hasta ocultar todo resquicio del sereno lenguaje italiano. ¿Cómo será ese desquite?
lunes, 7 de junio de 2010

Recordé, antes de comenzar a escribir, las palabras de elogios que le dedica Foucault a Borges en el inicio de Las palabras y las cosas. En esas líneas, el filósofo francés elogia la capacidad de Borges por inventar listas de sucesos, plantas, objetos de reinos antiguos y cómo éstas son tomadas por verdad.
De la misma forma, me quedé meditando acerca de la relación entre las palabras y las cosas y dudé demasiado en colocar esa conjunción en estas reflexiones del diario: las palabras cosas o, mejor, palabras-cosas.
Así que, después de sopesar las distintas tendencias, monistas, dualistas e integradoras, que articulan la invención de la realidad asida a la palabra y a la inversa, procedí a hurgar en el segundo grado de adquisición de conocimiento: la memoria.
La memoria vehicula el conocimiento en segundo grado de abstracción, porque, como decía el mismo Borges, el recuerdo de la realidad que mantenemos en la memoria es el último recuerdo del mismo, ni siquiera el primero. De esta forma, teniendo en cuenta este proceso de configuración de la realidad que fecunda la memoria en su última estación, comencé a escribir las palabras-cosas. Y de todo ello, sólo recuerdo ´la conciencia de haber escrito, nis siquera un puñado de palabras-cosas-
domingo, 6 de junio de 2010
El sonido de la piedra.
Por otro lado, el verbo “es” demuestra la predicación aristotélica de la enunciación por la que la causa está implícita en un segundo grado, mas no es directa causa.
Pero, imaginemos que trocamos la frase de Êtneciv y dijéramos: “Una errata podría ser la agrafía de un dios”.
jueves, 3 de junio de 2010
La cadencia de la sangre.
Escribir es un ejercicio que comienza en la epidermis y que termina convirtiéndose en la sístole y diástole de las tardes en que uno se conjura a favor de las letras. Y ellas lo recogen todo, hasta esas palabras desvaídas que nunca aparecen en un diálogo con un compañero. Y nos hace ser más plenos, más extensos y, por tanos, más desconocidos para nosotros mismos.
lunes, 31 de mayo de 2010
domingo, 30 de mayo de 2010
Esos días que permanecen en la memoria, intocables, como un libro que jamás leeremos al completo, pero que ocupa un lugar en los anaqueles. Los días de las noches, las noches en que la luna es un magma, un acorde del universo luminoso y locuaz, porque siempre hablaron los astros.
sábado, 29 de mayo de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Mann consiguió fundir en un libro las dos vertientes que zumbaban a su alrededor: el artista, la música, la autonomía del arte. Y esa combinación, que tan atractiva resulta para mí, es una aspiración y anhelo cada vez que escribo en este diario.
Escribir sobre la música es una de las tareas más complicada e inabordable. Escribir de o sobre la música es un sintagma equívoco, una predicación que resulta ininteligible. En todo caso, escribir la música es un sintagma que quizás recoja de forma más certera el concepto que se recoge.
Es cierto que sólo en la poesía he comprobado el lenguaje de la música, porque la poesía habita cercana al silencio, colindando con el hábitat del sonido y del ritmo. Pero esta tarde, al respirar junto a los pájaros, rodeado del verde de una encina, con la tranquilidad del ocaso con los miembros tristes, he respirado la música. Y en ese hallazgo he entregado todas mis palabras.
miércoles, 26 de mayo de 2010

Estos temas se han ido convirtiendo en territorios vitales, en los que me renuevo y recupero. Porque si esta soporífera comedia humana fuera la constante de la que me nutriese, estaría arrumbado en el vacuo sonido de la intrascendencia.
En estos días, en que releo a Rilke, pienso de nuevo en eso que X me había recriminado y llego a la conclusión de que Rilke los mismos lectores que tuvo en su tiempo y ahora serán los del futuro, porque la materia del espíritu, la mención poética en su plenitud, es un ejercicio del intelecto. Un ejercicio parecido a ese órfico ejercicio en medio de la oscuridad del bosque que nunca tuvo otra utilidad que la de trascender en la permanencia.
martes, 25 de mayo de 2010
Insistía en la selección minuciosa de un adjetivo o de un adverbio. Y r., sonreía, con la paz del trasiego labrado, y en su mirada parecía encontrarse su certeza ante mi impulsiva defensa.
Al cabo de un rato, cuando me he puesto a escribir, en esta tarde muerta y de miembros tristes, he vuelto a releer algunos poemas que voy escribiendo en estos meses. Impasible, como un padre sin hijos, como una rama desnuda, azotada por el viento únicamente, he leído los versos. Y lo he hecho como si nunca más los fuera a retocar, para que así queden en la memoria, con sus inapropiadas palabras, como es la vida, al fin y al cabo.
En el poema de Baudelaire, "El albatros", hay un verso que resume la dimensión en la que sitúa el autor francés al poeta. Lo hace, indicando el vilipendio al que es sometido por la sociedad, por los insoportables humanos que azuzan los días en claro. Esos señores, que actúan bajo la hipnosis de la especie y los instintos, no pueden mermar en absoluto la idea rotunda que habita en el poeta. Por este motivo, "Sus alas de gigante le impiden caminar", el verso en cuestión, vislumbra la postura del poeta en el mundo. He vuelto a los versos, alicaído, como si las alas estuvieran mojadas por la falta de conciencia de hoy.
lunes, 24 de mayo de 2010
El día en que consiga escribir algo parecido a ese paisaje, estas letras podrán darse por rectas palabras del origen. Porque ayer todo era la realidad traspasada, era una realidad que invitaba a formar parte de ella.
Los integrantes de esos grupos se leen entre ellos (algunos no leen otra cosa) y no escatiman en elogios ni en benevolencias. Publican a destajo, a pesar del plano verbo que los ampara. Los hay que se inclinan por una vertiente religiosa muy acuciada, otros lo hacen por la posmodernidad modernizada en postmoderna postpoesía. Un ramillete persiste en los maestros que lo hicieron poetas repitiendo sus sagrarios.
Uno, que considera al poeta un individuo con todas sus consecuencias en la plenitud de la soledad, no sabe cómo actuar, ni cuáles son los rifirrafes de turno. Ante algunas circunstancias, que nada tienen que ver con la poesía, responde como lo hace ante un personaje del medio social de medio pelo, sin desprecio, pero con la indiferencia de la nada.
domingo, 23 de mayo de 2010
***
***
***
viernes, 21 de mayo de 2010
Pienso que la lectura es una coartada idealista para comprender el mundo y que todos los lectores de raza, son, en el fondo, hojeadores de un universo indescifrable a sus ojos, pero presentes en su fuero interno. Hojeadores de la luz, del alba, de la ciudad, del verde que empapa las hojas de las moreras. Qué importa los libros que uno haya leído o que haya hojeado. En el fondo, solo nos quedamos con un puñado de escritos que, en su momento, leímos con intensidad. Nos quedan libros que fueron significativos, esto es, que dejaron una señal en la que nos revolcamos, de vez en cuando, y volvemos a sentir la misma celebración de antaño. Son esos libros muy pocos y sobre todo de poesía. Y, precisamente, hoy he caído en la desgracia de comprobar que cada vez son menos los que dejaron un significativo cauce de encuentro.
martes, 18 de mayo de 2010
En que el amor es el único auspicio posible. Porque el amor es destrucción del ser y plenitud al unísono, curva en la línea, reflejo de la piedra.
Son días que duermen como un fruto incierto, que aguardan la llegada de la luz y el agua y los minerales de la tierra que lo nutra y lo haga vivo.
lunes, 17 de mayo de 2010

No destaca sus cualidades técnicas, ni la capacidad del pintor por realizar la obra. Ni menciona el color, la línea, el trazo o la perspectiva. Se limita, razón sin límite, a la esencia. Gaya ve algo en esa pintura, una presencia sucedánea, pero que le es familiar Una pasión contenida que no resta naturalidad al cuadro, que se encuentra en el resto de las artes y que debe estar presenciando, continuamente, toda creación, lo que él denomina un saber sin ciencia.
He querido salir a dar un paseo para intentar extraer de alguna estampa cotidiana esa presencia real en la vida, esa pandémica existencia que hace que todo brote limpio y transparente incluso para el artista; que todo se muestre sin ambages tan sólo manteniendo la armonía de sus partes, como un tratado escrito sin causa, pero que encaja en la medida exacta.
Es singular esta postura de Gaya, pero es una lección de maestro antiguo. Una lección de la contemplación sobre la vida y los días del hombre que cree estar tiranizado por el arte. Más bien, esa tiranía, como dice Gaya, no es más que un medio que nos somete, pero que no es fin en sí mismo. Y en esa disputa del entendimiento, se sitúa el creador que, en ocasiones, intuye que el orden no le pertenece y se le escapa de las manos. Sobre todo, cuando en obras como las de Carpaccio, descubre, de pronto, lleno de emoción, que arte es vida y que vida es arte. En esos momentos en que alguien consigue serla, ser la realidad misma, es cuando comprende la anchurosa costura del silencio.
domingo, 16 de mayo de 2010
Apoético
Claro que, en esos años a los que nos referimos, existía otra conciencia histórica que maleaba, con fuerza, la propia concepción del hombre como animal de tiempo, como animal de conciencia que, aun siendo pasajero y momentáneo, sabía de la fuerza proteica de su palabra en el tiempo. Frente a estos temas que surgieron gracias a la potencia filosófica y de pensamiento que se disparó en el XIX, tenemos ahora la gran ausencia de pensadores que marquen, que estimulen, que creen conciencia histórica. Es uno de los síntomas de esta era tecnológica.
En estas circunstancias, de vacios intelectuales y de tendencia a compromisos políticos e históricos sin fundamento, de entrega al lenguaje de la tecnología como si lo poético hubiera sido finiquitado y totalmente explorado, como si lo poético hubiera quedado fuera de lo poético, se crea una poesía que no desvela nada, que no revela nada, que se hace defecto de unas aspiraciones sin matices. De ahí que uno lea continuadamente libros de poemas que no establecen, por sí mismo, ninguna propuesta personal e individual entroncada con lo esencial del hombre. Sólo compruebo que se repiten soniquetes de “poetas mayores”, de poetas vencedores en los terrenos de la mediocridad y la prensa. Porque la propuesta personal más ambiciosa debe comenzar desde dentro, desde los reinos del ser. Justo en el lugar en que las preguntas no encuentran respuestas absolutas y en que el lenguaje necesita ampliarse y reducirse, revelarse y transformarse por la cualidad de lo nombrado.
En realidad, lo que sucedió desde mediados del siglo XIX fue la independencia de la poesía frente a otras y ajenas circunstancias de paso. Supieron los poetas sublevar los anexos de la realidad al fruto verdadero de la palabra. Ahora, sin embargo, Se han cerrado los conductos de comunicación con la vasta y etérea realidad que nos sustancia y que, a pesar del avance de la tecnología, sigue palpitando y latente, como lo hará siempre. Ya no es sólo la ausencia de la divinidad y del estigma que ello posee sino la ausencia de lo otro desde el amparo de la poesía. ¿Podría un poeta que no posee creencias religiosas llegar a escribir un poema que roce las ansias, el anhelo de la divinidad (entendida esta palabra en sentido griego)? En san Juan de la Cruz tenemos el ejemplo a la inversa, pero Rilke, Hölderlin o Baudelaire son poetas de lo divino. Supieron desgajarse de la férrea asimilación católica e iconoclasta para alzarse por encima de sus circunstancias sin renunciar a la aspiración divina.
Pienso, en estos momentos, en esos poetas actuales que escriben poemas diciendo que los liberemos de pecados, que los perdonemos si utilizan , luz, dios, soledad, belleza u otras palabras de raigambre hegeliana o posromántica. La perspectiva se equivoca. Hablar sólo de uno mismo, escribir un poema con lo que uno cree que debe ser un poema, es una limitación y una coartada que revoca al fracaso. Porque la poesía no consiste en sacudir de sus líneas tales o cuales palabras, sino en saber utilizarlas para referirse, aunque sea sólo como intuición, a la materia que nos recorre. La materia de la finitud que posee la conciencia del tiempo histórico y perpetuo.
sábado, 15 de mayo de 2010
Casa carcomidas por la humedad, el mar enrabietado, un viento de leve respuesta. Y libros en el Baluarte.
Una vez entrada la tarde, fui a saludar a J.M. Benítez Ariza para que me dedicase su libro de poemas último, Diario de Benaocaz (Pre-textos, 2010). Después de unas gratas palabras y de que estampase en el nuevo volumen otras de afecto, compré las narraciones breves de Delibes (Menoscuarto) y una pequeña obra de Dickens titulada El viajero sin propósito, (Gadir).
El título de la obra de Dickens se pliega a la perfección a los últimos días de esta semana. Me encuentro cercano al territorio de lo ágrafo y lo poco que leo y escribo es poesía. Más bien leo, porque escribir, en estas circunstancias, se vuelve un ejercicio rancio y un sinsentido. Después de todo, el alcance personal de unas líneas no es más que eso, viaje sin propósito, viaje sin fin, fuga sin motivo que se reconcentra cada ciertos pasos.
***
viernes, 14 de mayo de 2010
Nota desaparecida.
Y por eso me quedo, sin alas y sin cuerpo, sin asideros melancólicos que me turben, a la escucha insólita del canto del pájaro que llevo dentro, del pájaro solitario y de sus virtudes.
jueves, 13 de mayo de 2010
Coincide con la filosofía en sus comienzos, ya que toda poesía es una crítica a las palabras. El poeta se encuentra con que debe establecer qué hay en la palabra virtud, en la palabra belleza, en la palabra tiempo para establecer, de nuevo, en limpio, qué es la virtud, qué es la belleza y qué el tiempo. En ese ejercicio de inconsciencia, de indagación, de usura, el poeta sólo puede acceder a la esencia a través del lenguaje. En el lenguaje empieza y acaba la poesía, en el lenguaje transgredido y saqueado.
Esa es la primera estación del poeta, la palabra. De ella surgen las direcciones de la creación. Por un lado, el vínculo entre el nombre y la cosa en sí. Por otro, la indagación del ser. El poeta llega a sí mismo a través de la palabra, pero no sólo se alcanza sino que se traspasa y completa hasta ofrecer la imagen de todos los hombres. En un poema están todos los poemas. En un poema, todo lo que puede ofrecer un poema, está en él. La poesía es una fragmentaria asimilación de la realidad, porque se hace de creaciones independientes, pero siempre motivada hacia la misma fuerza unívoca.
Arrancadas de sus hábitos cotidianos, las palabras retoman su estado prenatal. Y ellas pueden nombrarlo todo y todo en ellas cabe de nuevo. Es el poeta Prometeo con un fuego robado para entregarlo a la belleza y a la verdad del arte.
miércoles, 12 de mayo de 2010
He comprobado que existe una nueva categoría de ciudadano: el provinciano. El provinciano no entiende de éticas y filosofías, a pesar de ser universitario y poseer títulos y diplomas y papeluchos e, incluso, haber ofrecido cursos a otros compañeros. A pesar de todo, incluida su pose y su respingo, no hace más que responder a sus instintos primarios. Ansía que los demás observen su trabajo, aunque éste sea de una calidad relativa. Necesita el reconocimiento público de sus actos y termina, al final, dirigiendo el cotarro, como el gallo del corral.
La mediocridad es una de las pandemias que nos azota en estos años. De un tiempo a esta parte, observo cómo en los puestos en los que hay que tomar decisiones no están los más cualificados. Ni siquiera los que pueden propiciar que las decisiones más oportunas prevalezcan sobre sus intenciones. Antes al contrario, encuentro una radicalización de la ignorancia, porque el ignorante, el que no se curte en la diversidad de criterios y los acepta y convive con ellos, es -como diría Ortega- un provinciano. Y en estas circunstancias, lo extraño, lo extraterritorial es el gusto por lo minoritario, la individualidad o los logros conseguidos en silencio. Pero, me pregunto, ¿quién no cae en la cuenta de que su trabajo (sea escribir o dibujar, sea gestionar o comunicar) no es más que una gota en el océano y que, por ese motivo, no cabe otra cosa que el silencio?
Escribo estas líneas después de varios meses atestiguando cómo hay una especie de trabajador que logra trepar hasta el poder como una lagartija sin haber merecido más que la consabida bendición del que está colocado más arriba. Porque siempre hay uno que está más arriba y al que hay que adular. Siempre hay uno a quien rendirle cuentas y alabarles sus perogrulladas y sus infamias y sus demencias seniles o sus intratables razonamientos. No importa, abajo el criterio y el juicio, será quien nos bautice en el poder.
En esas situaciones, siempre respondo de la misma manera: la evasión. No me interesa participar de esa trama oculta que algunos quieren perpetuar a favor de anular la conciencia individual y propia. Porque en la conciencia está encerrada la grandeza de uno mismo, en la claridad con la que se contempla la verdad y la gracia. Y eso es lo único que nos queda que pertenezca a la dignidad.
Todo esto que escribo, a grandes trazos, sin señas propias, deviene de la insolencia a la que me conduce estas circunstancias. Creo que cuanto más social es el ambiente, más misántropo es uno y que cuanto más distancia intento tomar, más cerca me encuentro de la belleza de los objetos mismos, de la cosa en sí.
martes, 11 de mayo de 2010
domingo, 9 de mayo de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
Gracias a Ramón Simón por su reportaje fotográfico de la presentación de Temporada de fresas, de Pilar Pardo y El huerto deseado, en Sevilla el viernes pasado.
jueves, 6 de mayo de 2010
Con Thomas.
Por otro lado, leo "Tonio Kröger". Tonio Kröger sufre las mofas de los compañeros y maestros en la escuela porque lleva un cuaderno de poesía. En una ocasión, un alumno ve cómo comienza a escribir en un cuaderno unos versos. A partir de ese momento, el personaje comienza sus reflexiones acerca de la individualidad y la sociedad, el ambiente culto frente a la vulgaridad.
He leído esos dos relatos de Mann perplejo. Porque he entendido que Mann, a pesar de las reminiscencias decimonónicas, siempre optó por escribir sobre temas que nunca han tenido una respuesta clara en la literatura, temas sobre los que siempre seguirán escribiendo los hombres, que se mantienen inexpugnables a la razón. Ahí está su grandeza, en la palabra edificante.
El blanco inerte y apasionado, de forma pura y trascendental, mantiene al hombre alejado de la cotidiana manera de la vida. Cuando eso sucede, se abandona la palabra y se procura aspirar al silencio. Se traspasa, de esta manera, el dualismo de la forma y la idea, la oscuridad y la razón y se alcanza, por tanto, el reino del silencio.
martes, 4 de mayo de 2010
Porque hacemos de los límites de la escritura los límites de la sintaxis y de los textos y de las páginas en blanco. Con esta propuesta, la poesía es el verdadero derrumbe del entendimiento: en ella se edifica un cosmos, con ritmos de blanco, con trozos de silencio.
miércoles, 29 de abril de 2002. La trágica constatación del hombre que somete sus días a la literatura es la siguiente: la vida es la linealidad y la cronografía de un vulgar y mezquino individuo. Sin embargo,
el territorio de inicio en la poesía es el mismo que el de llegada ya que ambos son estrictamente utópicos.
domingo, 2 de mayo de 2010
Así, la sugerencia es la ambición de la palabra poética. Porque ella levanta un mundo nuevo, pero un mundo incognoscible en su totalidad. De ahí la extrañeza. El don de la poesía es la capacidad para señalar la transparencia.
***
viernes, 30 de abril de 2010
Como diría un novelista, por ejemplo Galdós, cada vida lleva en sí una novela. Pero, me pregunto esta tarde, ¿cada vida lleva un libro de poemas? La poesía es cuestión de desnudez, rito de silencios, murmullo de la transparencia, aritmética de la palabra ausente.
Esperarán que dicte el nombre de algunos maestros, pero eso sería deshonrarlos. Detesto esas inoportunas apropiaciones de la tradición, esos ramajes que cada cual levanta a su conveniencia.
Luego recitaré torpemente algunos poemas. Después de todo vendrá el silencio y cada cual se marchará cargado de esta o aquella sugerencia, de este o aquel eco, idea, vibración. Y ahí comenzará el huerto a brotar, verdadero, en el deseo ajeno de la literatura.
jueves, 29 de abril de 2010

La mirada de la señora, cuya vestimenta imagino desaliñada y patética, dispara a un ángulo muerto las esperanzas perdidas. Mientras, él fuma aguantando la pipa con la mano izquierda. A los dos individuos les ampara la absenta. La perspectiva oblicua es una metáfora de la sociedad que los cruza y desviste, que los azota y los margina e hiere con la maquinaria de entonces. Y esos zapatos que asoman, desolados, bajo el traje... Los hombros caídos y sin tensión muscular, frente al brazo que mantiene el cuerpo del mendigo algo más erecto. En el fondo, los dos están vislumbrando la misma condición, la de ser sombras proyectadas sobre sombras.
Schumann, el piano en la tarde con la excelencia del fraseo. Las melodías de sus sonatas surgen como esos colores de Degás: resucitando el vaho de la evidencia. Con la música, el verso de Borges se actualiza y se instala en lo sucesivo: “Ya somos el olvido que seremos”.
Precisamente, la música es un elemento faústico si la consideramos la fórmula más inmediata de dejar de ser y de entregarse a no se sabe qué fuerza. En esa entrega se nos fue, de pronto, lo evanescente.
miércoles, 28 de abril de 2010
***
Con la poesía ocurre todo lo contrario. No hay más que leer un poema, que en realidad, puede ocupar tres o cuatro oraciones, cinco o seis versos, para que el lector comience a aposentarse en la lectura o que lance el libro al cajón del chance. Aunque, bien es cierto, que no pocas veces, algunos poetas han ido creciendo a la par que uno crece como lector. Porque las cualidades del lector se van configurando y su olfato y su postura van amoldándose a sus razones que, por cierto, son cambiantes y esenciadas.
martes, 27 de abril de 2010
Almacabra.
Las tres ediciones han sido adquiridas por motivos especiales. La obra de Eguílaz, del dramaturgo nacido en Sanlúcar en 1830, por bibliofilia y razones profesionales (y económicas, por supuesto). Las de Acquaroni, porque ni siquiera José Carlos Mainer dedica unas líneas, en su nueva historia, a la obra de este Premio Nacional de Literatura en 1977 con Copa de sombra. El otro título de Acquaroni que he adquirido es El Turbión y es una primera edición, de 1967, en ediciones Prometeo, de Valencia.
En Copa de sombra, Sanlúcar se convierte en un espacio mítico, El Puerto de Santa María de Humero. A pesar de la ficcionalización del lugar, no pocos historiadores locales han localizado las casas que se nombran en la novela. Sin embargo, el punto de partida que toma el autor para el arranque de su obra, está en una lista de los fusilados entre el 18 de julio de 1936 y el 4 de enero de 1937. Esta lista fue tomada de los diarios del historiador Manuel Barbadillo que se publicó en la obra de Eduardo Domínguez Lobato, Cien capítulo de retaguardia (Gregorio del toro, editor, Madrid, 1973). Todos fueron fusilados en unos terrenos aledaños al camposanto de la ciudad, llamado almacabra. Cuántas veces he paseado por esos lugares.
Los días en que la poesía lo invade todo son los que más desvarío proporcionan. Los que rinden, con su tormenta, más matices al final de la tarde. Porque el día amanece a cada momento con la presencia de la poesía. Y la palabra enmudece, se hace recoleta; las luces se embargan de oscuridad; la lucidez y la inteligencia son insuficientes restos y despojos del hombre. Más vale recogerse a lengüetazos después de la invasión y el trance. Y mantenerse en silencio como una estatua viva. En silencio, como un laberinto inhabitado.
lunes, 26 de abril de 2010
De todos los pasajes del siglo XX, del histriónico siglo de las guerras y los desquiciados, de las aversiones y la tecnología, la música fue índice y revolución. Jamás se replegó a una ideología, jamás fue poseída, jamás.
Por ejemplo, ¿supo la mujer de Márai del beato fervor que su marido le profesaba, lo supo? ¿Los compañeros de Kafka, sabían de sus pensamientos en solitario, de sus manías cotidianas, de sus elucubraciones personales? ¿Y de Van Gogh, qué supo el hermano, sólo la vida que se encierran en las cartas? ¿Y de mí, qué estoy dejando en este puñado de folios desfigurados?
jueves, 22 de abril de 2010

Junto a la libreta, siempre guardo el bolígrafo, marrón oscuro y cuarteado, con tinta negra, que me sirve como el complemento idóneo a esas páginas. A decir verdad, de vez en cuando, utilizo bolígrafos de tintas con diversos colores: verde, azul, violeta. El otor día, por ejemplo, escribí sobre este asunto, cuando utilizaba, por vez primera, el bolígrafo verde. Invadir el cuaderno con un color distinto al negro se asemeja a esos rayos de luz que se cuelan por una ranura y que nos parecen repletos de polvo y sustancias que nunca antes éramos capaces de percibir. Por eso, el negro, a la postre, es la sangre de ese cuaderno, su melancólico candidato.
Hoy, por ejemplo, al llegar a casa, abro el libro por unas páginas dedicadas a la proporción como elemento que articula la belleza de los cuerpos humanos en el Renacimiento. Dice Eco que, si bien en la escultura y la pintura hubo una constante unidad matemática, no es así en la pintura. Y para ello, reproduce unas prodigiosas láminas de Venus, de Botticelli; Ninfa en el paisaje, de Jacopo Palma el Viejo y de Venus y Amor que lleva el panal de miel, de Lucas Cranach.
Ese rostro, hembrimacho, que parece esbozar una sonrisa sarcástica. Sin rendir cuentas a Amor que lleva un panal de miel donde revolotean las abejas. Y el tronco…verticalidad del silencio.
martes, 20 de abril de 2010

Cada poeta
es un destello intruso
en el lenguaje.
***
Canto del pájaro.
Muere el horizonte.
Luz de la tierra.
***
Con la belleza,
ni el mundo, el hombre, nada.
Solo el silencio.
***
lunes, 19 de abril de 2010

Hay, por lo tanto, desde el comienzo de Las flores del mal, una declaración ética diluida en la estética. Tú, pacífico y bucólico lector, aprende a amarme con la lectura. Desde el momento en que leí el verso quise apreciar la sonoridad de la lengua francesa: “Lis-moi, pour apprendre à m´aimer”.
Describe su libro como saturnal. Este adjetivo posee, amén de una fuerza poética envidiable, una doble connotación. Este malditismo está cargado de actualidad y es un elemento contemporáneo al que tenemos que enfrentarnos desde el arte, no como una invasión de la decadencia, sino como un síntoma del hundimiento moral al que estamos sometidos. En buena medida, podríamos preguntarnos a qué se debe esta ausencia de ética en la poesía, a esa ausencia de autoconsciencia y de alejamiento individual.
¿No sería necesario una revuelta de la conciencia para alcanzar el estado primitivo y originario?
Recuerdo que Pío Baroja tiene un libro titulado Los Saturnales y que está dedicado al caos que provocó la Guerra Civil española en relación a los ideales, las jerarquías, las relaciones humanas. El libro refleja lo que Curtius establece como tópico de la antigüedad, “el mundo al revés”. Una topografía de la modernidad.
donde nunca harán mella la tierra y los infiernos,
y que para tejer mi mística corona
se requieren edades y universos enteros”.
La poesía asciende de no sé qué instantaneidad para encumbrarse en lo cotidiano. Entonces hay que agarrarla y someterla al brinco de las palabras. No debemos dejar ningún rastro sobre el tiempo. Ni siquiera la ambición y la vanidad.
domingo, 18 de abril de 2010
Materia de la infancia.
Aquella geografía sigue siendo un mapa inexplorado en mi memoria. La arena blanca arraiga en mi piel, el salitre habita en mi lengua. En mis retinas siguen clavados las verdosas posturas del sol sobre el Coto. Éste era un territorio mítico con el que mi padre y mi abuelo solían bromear cuando quedaban las familias conjuntadas en las casetas de playa. Decían que iban a coger sandías y que llegarían nadando en un momento. La piel morena de mi abuelo y sus cicatrices eran las señales de que aquello podía suceder.
Poco a poco, fui rescatando del olvido algunos pasajes de los años en que el verano era el tiempo de las noches blancas. Por ejemplo, cuando los sábados nos dejaban ir a jugar a la playa, cuando llegaba la primavera. Qué frescor de la arena en los pies, que pálpito de tierra y de agua, qué rumor ocupando los oídos inocentes y blandos de los niños. Eran días de plenitud, de la plenitud de la infancia.
Asimismo estudié muy cerca de ese lugar, de la desembocadura. Y formó parte de la educación que mis maestros me ofrecieron. No he llegado a resolver todavía ese rubor de talismanes marinos, esa exaltación del fluir del tiempo, esa conciencia marítima que transforma y cincela en lo inexpugnable. En ella habito todavía, en ella soy, de ella devengo. Paseando por la playa se me ocurrió preguntarme si estábamos allí todavía…y si seguían los pájaros cantando.
De las páginas de Baudelaire, destaco las dedicadas a los vínculos que se establecen, desde su convicción literaria, entre el poeta, la poesía y la realidad. Igualmente, me han sorprendido algunas referencias a la modernidad, por las aspiraciones y por la actualidad que pueden adquirir toda vez que sean despojadas de su tiempo: “La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable”. Con estas palabras, Baudelaire se refiere a la doble dimensión de la belleza, es decir, a un tema que me preocupa desde que comencé a escribir.
Desde este punto de vista, exige Baudelaire de la literatura un movimiento circular, que aúne la indagación de lo eterno desde lo fugitivo, la exploración del presente hasta que le arranquemos las esencias que se perpetúan en el ciclo. Un anillo, como Bécquer. Un trazo en círculo que restituya la realidad percibida como materia de lo perpetuo. Entendiendo que la materia es experimentable y que lo perpetuo deviene de esa constancia, ah, quizás eso sea la poesía, materia de lo perpetuo.
sábado, 17 de abril de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
_(impresora).jpg)
1. Piensan que soy un creyente camuflado, que no manifiesta su fe en vivo, pero que lo hace a escondidas con el cura.
2. Piensan que soy un hombre cambiante, que dependiendo de la compañía digo una u otra cosa.
3. Piensan que soy una mente débil, maleable, que se deja atraer por la palabrería beata y religiosa.
4. No piensan más que con una pregunta, ¿a qué viene éste individuo a hablar con el cura?
La conversación ha sido de las más fructíferas que he mantenido con un compañero. Incluso llegué a temer que el cura había leído el texto de este diario y que sabía mis ilusas metamorfosis en duques y dandis decadentistas. Porque hablamos del ser, del hombre, de las palabras y la realidad, de Unamuno, de Aristóteles, de mayo del 68, de Albert Camus y de otras tantas ideas necesarias en este mundo de encierro y provincianismo, de asqueo ante lo contrario, al otro y al diferente.
Cuando termina de ordenar sus libros, cuestión capital junto a la decoración para el duque, ofrece todo un repertorio de los colores vinculados con la sensibilidad: “Prescindiendo de la mayoría de los hombres cuyas vulgares retinas no llegan a percibir ni la cadencia particular de cada color, ni el encanto misterioso de sus gradaciones y de sus matices, me quedo con las personas de pupila refinada, acostumbradas a la belleza de la literatura y el arte”.
***
Siempre se hace tarde para los que aman la vida.
***
Si esta vida llega a sustituir en el futuro los días y las noches del hombre que la vivió comencemos entonces a vivirla en literatura.
miércoles, 14 de abril de 2010
Cuando Marcel Duchamp colocó el urinario en medio de un museo, estaba revolucionando el concepto de arte. En ese urinario iba implícita la tremenda pregunta ¿qué es el arte? El urinario, en ese lugar, no servía para conducir los fluidos a las alcantarillas. Entonces, ¿para qué? A expensas de su utilidad cotidiana, ¿qué hace allí, es decir, qué es?
La descontextualización es el primer argumento que los teóricos utilizan para salir adelante en su defensa, pero creo que es insuficiente y que no termina de aportar ninguna conclusión definitiva. Cuando trato de llevar esta problemática del arte moderno a la literatura, se hace difícil encontrar respuestas clarividentes. De momento, la literatura no puede negarse como objeto verbal. Tampoco podemos desentendernos de su dimensión social, cultural y antropológica, así como de la estética.
Si bien es cierto que el arte moderno comenzó en el límite del arte, lo que ha venido después ha sido una extremaunción de los abrazos de los artistas a la incapacidad por transgredir esos límites ya desvirgados. Es decir, una innovación en la espacialidad, en la perspectiva, pongamos por caso, en el Renacimiento y que ahora nos puede parecer nimia, era una verdadera innovación. Ahora la innovación ha cambiado de circunstancia. Habría que buscar incesantemente en lo escrito aquello que se dejó sin decir o que se dijo sin las palabras adecuadas.
%2Bcopia%5B1%5D.jpg)