UNA mandolina, una lábil y reluciente mandolina que
atraviesa e invade el aire hasta mis ojos;
a mis ojos descendentes, a lo que prolonga la contemplación y se cuaja en el silencio, en la naturaleza muerta de los gajos
de la luz.
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AFIRMA Dámaso Alonso que Góngora pretendía con la literatura lo siguiente: “esquivar
los elementos de la realidad cotidiana, para sustituirlos por otros que corresponden,
de hecho, a realidades distintas”. Qué magisterio en el uso de “esquivar”; no anular, prescindir, contrapuntear, glosar o evadir la realidad, sino
esquivarla. Tenerla ante los ojos, pero trascenderla con la palabra.
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RECUERDO a Terencio: “Homo sum, humani nihil a me alienum
puto”. Si es cierto que nada humano no es ajeno, es cierto igualmente que el hombre es lo más ajen al hombre.
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CADA VEZ más, con evidencia, la poesía es una y es todo, disforme y caudalosa, minoritaria y universal.